Pensar en Andrés Suárez te lleva a un inevitable camino de música, talento y verdad. Es realmente complicado no asociar su nombre con el concepto “composición”, y es que el gallego tiene arte de sobras para hacer de cualquier canción, una letra inmejorable.

Tras tres años sin publicar un trabajo, reaparece con un disco homónimo, de presentación, llega con Andrés Suárez. Es un proyecto que implicó la elección de diez canciones entre las más de cuarenta que llegó a componer. Diez canciones en las que el cantante confía plenamente y, cada una de ellas, nos describe una faceta o recuerdo del artista.

Hemos tenido el privilegio de poder hablar unos minutos con Andrés para que nos cuente cómo está viviendo la salida de su último álbum, tras, además, haber tenido que posponer su salida, puesto que se iba a publicar en marzo de este mismo año.

¿Qué tal? ¿Cómo estás llevando la nueva normalidad?

Andrés Suárez (A.S.): Pues mira, uno saca disco y hace promo así por una pantalla, ¿sabes? No hay firmas, es todo muy raro, pero bueno, llevo todo el confinamiento, por lo menos el último mes, tratando de reivindicar la lucha contra el GMT: Gente Mala en Twitter. Gente mala todo el rato quejándose y es agotador. En este disco hay una canción que habla en contra de la gente tóxica y la toxicidad, y es que no puede ser que te estés quejando todo el día, con “los conciertos van a ser con poca gente…”. ¡Pero si este año no íbamos ni a tocar!

Es decir, el disco tiene que salir así, la promo tiene que ser por una pantalla, ¡pero bueno! Es que por lo menos, hay promo. Es lo que hay. Es todo muy jodido, pero en la cadena de los jodidos hay gente que nos gana siempre. Es todo muy fastidiado, pero yo que sé… está el disco ya en la calle, ya lo podéis escuchar, ya está joder. ¡Buen rollo!

¿Cómo estaba Andrés el jueves previo a la salida del disco a las 23:59 horas?

A.S.: Tomándome un Lexatin. Estoy viviendo en Torrelodones desde hace un tiempo y me fui a un local que hay aquí, que es del estilo del Libertad 8 de Madrid, un poco un centro de defensa de la cultura. Pues lo hay aquí y se llama Babel. Me fui con mi amigo y maestro Javier Ruibal a tomarme algo al local, a relajarme… Lo llamé diciendo “tío, tengo que verte e ir a tomarme algo porque estoy de los nervios”. Si ya te pones nervioso con la salida de un disco, imagínate con la salida de un disco homónimo, con tu careto en la portada, que yo nunca me había atrevido. Esto me impresiona.

Estuve el otro día en Santiago, que fui unas horas a hacer unas grabaciones y, cuando volví, fui a una tienda a comprarle el disco a mi madre porque ni ella lo tenía. Entonces, entro y me encuentro mi careto gigante, ¿sabes? Y es todo como muy raro, pero tenía que ser ahora, era el momento. Por ejemplo, en este disco mi voz está alta voluntariamente. Ya que me muestro tanto, ya que te cuento que un amigo murió en octavo de EGB de sobredosis, ya que te hablo de la toxicidad en Despiértame o te cuento una noche de Calella con cintas de Lluís Llach…

Yo no pensaba que iba a ser capaz de lograrlo. Fueron los productores los que dijeron: esto eres tú y es el momento de que salgas en un videoclip, de que salgas en una portada y luego ustedes, el jurado más hermoso que hay, el público que me diga: te has equivocado o no, me ha gustado o no… Ahora mandáis vosotros. Tengo la impresión de haber estudiado todo lo que podía para el examen, ahora, a ver qué nota me ponéis.

Un excelente, seguro. Y, ¿cómo has vivido ese aplazamiento del disco? ¿Has acumulado mucho nervio y muchas ganas de que la gente lo escuche?

A.S.: Mira, le pedí al pedazo de equipo que tengo: “por favor, vamos a aguantar”. Porque claro, ahora salen todos los “capitanes a posteriori”… Todo el mundo sabía que venía una pandemia… ¡Joder, pues avísame y nos ahorramos tres meses de estar en casa! Claro, si eres tan sabio… Ahora pones cualquier sobremesa televisiva y todos son astronautas, y dices: “¡joder, pues qué tonto soy al lado de esta gente!”. Todos, desde la orilla, pensábamos que iba a ser una olita y no un tsunami que iba a arrasar el planeta.

Yo tengo ansiedad, porque tengo trece trabajadores, un técnico de sonido, músicos… En esta pandemia, he tenido que hacer entender a mi público que, detrás del planeta de la música, hay una parte que hay que conocer. Por ejemplo, la gente no sabía lo que es un backliner, y no lo digo como critica eh, me parece precioso contar que hay un tío que prepara los amplificadores, las guitarras, etc. Yo tenía dos ansiedades y no sabía lo que era que te faltase el aire hasta esta pandemia.

A todos nos ha faltado un poco el aire durante estos meses…

A.S.: Sí. De repente empieza esto, no eres consciente de la gravedad de todo. Yo estaba en casa diciendo “joder, se está liando un poco, pero bueno”. Pero uno pone los telediarios, lee la prensa y yo encima que soy hijo de enfermera… Entonces, dejé de verlos.

Pasado todo esto, pienso: “¿y mis técnicos? ¿y mi gira?”. Claro, empiezo a ver que hay que aplazar la gira… Es horroroso, pero no quiero quejarme, porque es lo que te decía: si empezamos en la cadena del “yo estoy peor” … Hay gente que está pidiendo ayuda para comer. 

Yo les pedí a Warner y RLM: “por favor, esperad”. Supuestamente, nos decían que podría ser posible que hubiese firmas multitudinarias a finales de año; pero ya había gente que, en febrero, había reservado su disco. Yo no puedo hacerles eso, si tú apuestas por mí y te gastas tu dinero en mi disco, ¿te hago esperar un año? No, no iban ustedes a esperar.

Y entonces, salió el disco. 

A.S.: Salió así y no tengo ni idea ni de si está gustando, ni de cómo está yendo… Voy viendo las redes sociales y leo comentarios buenos, pero estoy esperando que llegue el 10 y 11 de julio para que empiece esta gira “rara” de acústicos y, aunque sea por encima de la mascarilla, que la gente me haga una señal de bien o mal con la mano [risas].

“Apuesto por este disco sólo por haberme atrevido”

¿Cuál es ese punto de inflexión en el que decides sacar un disco con tu nombre (homónimo) y a modo de “presentación” después de tantos discos?

A.S.: No tiene sentido. Me encantaría que me lo dijeses tú. Nos tomamos un café, te cuento mi historia y me dices: “vale, pues lo has hecho por eso”, porque yo no tengo ni idea. Debería haber sido en el primer o segundo disco a modo de presentación con tu careto en la portada. Como  decir: “me llamo tal, soy gallego, vengo de Ferrol”. ¡Es el octavo, es que manda cojones! No tengo ni idea de por qué me atreví a salir de la zona de confort, de por qué hago el videoclip de Despiértame con la maravillosa Clara Alvarado y salgo mirando cámara. Es que incluso mi madre me llamó diciendo: “¿estás loco?, ¿qué te pasa?”. ¡No se lo cree nadie!

¿Cuál fue ese clic? Pues te juro y tienes mi palabra de honor de que no tengo ni idea. Ahora, yo apuesto por este disco sólo por haberme atrevido. Creo que, tú que amas la palabra como yo, sabes que está llena de dejes, de vicios, de maneras, de tal. Cuando te quitas de eso y te vas a otro lugar dices “cuidado, que igual no toco fondo”. Yo tengo mucho vértigo, pero joder, me atreví y estoy orgulloso. Ahora veremos qué pasa.

“Deberían saberse las dos versiones de cada canción”

¿Sabrías encontrar una palabra para describir qué ha supuesto lanzar este disco tan especial para ti?

A.S.: Supongo que madurez o crecimiento. A pesar de que ves este nerviosismo, que no me callo y que estoy muy feliz a pesar de que las condiciones no son buenas, me atreví a cantar Nina, que cuenta ‘comiéndonos a besos en el dos por dos del baño de un tercero’. Me ruborizo oyéndola. La escucho y digo: “¡hostia!”. Ves a la gente cantándola y joder, estás contando un amor horizontal casi público. Al final son todo recuerdos de la vida: te canto Calella o No diré, que tiene ya muchos años, o El Cantante. Entonces claro yo ahora esto te lo cuento y cuesta.

Es injusto, cuando uno escribe una canción cuenta su verdad, su versión y hace pública una historia de dos sin permiso de la otra persona. Pero bueno, por ejemplo Y nos dieron las diez de Sabina cuenta su versión, igual la de la otra no es la misma.  

Yo te cuento mi versión, pero deberían saberse las dos versiones de cada canción y que la otra persona dijese: “eh, eso no fue así, te cuento cómo fue”. Pero en las canciones dejo mi piel y creo que, además, estos días hace falta. Una canción mía no te va a salvar y tampoco un poema de Elvira Sastre, pero imagínate un confinamiento sin música o sin poesía.  

El otro día estuviste compartiendo reacciones de tus seguidores ante la llegada de su disco a sus casas. ¿Qué sientes cuando ves llegar tus historias y tu verdad a casa de la gente y en formato físico?

A.S.: Llámame viejo, carca, mayor, y lo entendería, pero reivindico el libro. Tengo amigos que tienen la tablet y tienen 12.000 libros, pero no sé cuántas vidas van a tener para leérselos. Yo no nací en la era Internet, Elvira, por ejemplo, me habla “en joven” y me dice no sé qué del crush y del frish y no sé qué [risas]. Y no la entiendo y le digo: “no me hables en joven”. Yo soy mayor, yo tengo libros y tengo CD. En un disco está el trabajo del fotógrafo, el del diseñador, está el cómo huele, está el qué tacto tiene.

Tengo una importante colección de CD porque para mí son recuerdos. Entiendo que hay gente que me dice: “mira tío, yo no tengo ni lector de CD”. Yo soy el primero que estoy con Spotify todo el día, pero hay mucho trabajo detrás de un disco. Entonces cuando llega, ¿qué te voy a decir? Después de casi un año de curro de productores, diseñadores, hasta de mi caligrafía que dicen que es de médico [risas], notas en el libreto que pongo de canciones tipo “tal día la compuse”. Entonces claro, que abras la puerta y haya un mensajero que está dejando un disco tuyo ahí, pues es muy bonito. Quizá esta es la nueva firma, que esta chica me mande una foto del disco y yo le mande un beso [risas].

Y hablando de redes sociales, el otro día subiste un vídeo tuyo comprando tu propio disco en una tienda. Durante todo el vídeo muestras muchísima vergüenza en ese momento, pero ¿sentiste algo más, aparte de vergüenza?

A.S.: Sentí una emoción… te lo juro. Yo lo subí, pero realmente iba a comprar un disco para mi madre. Mi amiga se descojonaba diciéndome: “¿Qué coño vas a ir a buscar un disco para tu madre?  Vamos a hacer un café” y yo le insistí: “no, no, no, mi madre no se va a quedar sin disco, ¿estamos locos?

Entonces allí que me voy y veo el cartel gigante. El vídeo ni lo iba a subir, era para mi madre, pero dije: “oye mira ¿por qué no? Igual así se descojonan”. Pero yo pasé una vergüenza horrible. Entonces, dentro de esa coña, reivindicas una vez más la venta del disco físico. Ojo, aunque fuese una gran cadena comercial, yo soy más de defender el pequeño comercio, pero joder, era donde sabía que lo vendían y me quedaba más cerca.

También hay gente que depende de la venta de algo: una librería necesita vender libros. Lo primero que voy a hacer cuando salga ahora es ir a una librería a comprar libros porque, joder, hay que favorecer el comercio local, hay que ir a una librería pequeña y dejar dinero ahí. Es que se van al carallo, al igual que las tiendas de discos y vinilos. O vas al pequeño garito y dejas una propina.

Entonces sentí mucho orgullo y amor propio porque joder, al menos sentí que estaba el disco fuera, que lo podía tocar, saber que es de verdad. Es un año de curro, un año de tu vida en el que apenas hice conciertos, en el que empecé con RLM… Así que me dediqué a escribir casi cuarenta canciones para luego elegir bien.

Afirmas que, en el caso de este disco, las diez canciones son especiales por igual. Entonces, ¿qué te hizo decidir que Despiértame fuera el primer single del disco?

A.S.: ¡No lo elegí yo! Claro, me mola que me lo preguntes porque tiene todo el sentido, parece que te quiero vender Despiértame y otra no. Tato Latorre es un genio y así que le pedí que me dijese cuál podía ser la canción que representase al disco, que me representase a mí, y pudiese atrapar más al público. Recuerdo que estaba en el estudio, saqué la guitarra, canté Despiértame y no escuchó más. Me dijo: “esta”. Yo me quedé flipando y pensé: ¡hostia!, Despiértame es dura.

¿Qué sentiste cuando fuiste consciente de que la primera canción que iba a escuchar el público de este nuevo disco era Despiértame?

A.S.: Cuando publico Despiértame, describiendo un amor que te deja atrapado en el pasado y no te permite ningún futuro, sé que es una canción dura, pero me da igual. Yo tengo letras duras, pero la música es agradable. Por ejemplo, hay una canción de Juan Luis Guerra que yo la bailaba e, incluso, nuestros padres se metían mano con ella en las fiestas, que describe la muerte, la desgracia.

Es un poco esa magia. Despiértame es una canción que empezó Tato a meterle base y yo me veía bailándola y digo: “a ver si ahora me voy a llevar mi música al gimnasio” [risas]. En Despiértame, de hecho, al final del videoclip, no aparecen actores, son mis amigos. Esos cinco o seis tíos que aparecen al final del vídeo son mis amigos.

“Hay cosas que me remueven y trato de hacerlas canción”

En aquellas canciones en las que el recuerdo que describes es un poco más amargo, ¿cómo se vive ese proceso de composición?

A.S.: Es horrible, es muy doloroso, es terapéutico. Las canciones sirven para eso. A las canciones les sienta bien la ira, la rabia, el dolor, el llanto, la ironía… A mí, no. Yo no sería igual de feliz que soy ahora, si viviese con rencor, ira, mal rollo. En el confinamiento, por ejemplo, salió el tema de que “los cantautores os descojonáis de la risa”. No mira, estamos deprimidos todo el día, ¡no te jode!

Claro, pero yo cuando escribo Despiértame estoy mojando en lágrima el papel que escribo. Estuve dos horas y ahí quedó. Ahí volví a nacer, volví a empezar. Con esta canción, recibí cientos de mensajes diciéndome: “lo he vivido”. ¡Qué putada que tantas personas hayamos vivido relaciones tóxicas! Parece que no aprendimos la lección de lo bonita que es la vida. Pero bueno, por lo menos sirvió para que la gente se aferre un poco a la canción y le ayude a despertar.

Para muchos eres un referente en cuanto a composición en este país porque así lo has demostrado con tus letras. ¿Sientes cierta responsabilidad de no defraudar cada vez que lanzas algo nuevo?

A.S.: Bueno, gracias por tus palabras, ya me has puesto nervioso y eso que estaba tranquilo. No me considero un referente, yo escribo lo mejor que sé y que puedo, leo cuanto puedo, vivo cuanto puedo… Hay cosas que me remueven y trato de hacerlas canción. Claro que es una responsabilidad publicar cualquier cosa, además hoy en día no somos conscientes, pero vivimos tan rodeados de sobre información que subes una foto y, de repente, la están compartiendo y aparece, por ejemplo, en Perú. La responsabilidad ya la tenía antes.

Mira, yo cuando tocaba en Madrid y no había móviles grabándote en el Libertad, lo hacía para las diez personas que iban. Podía hacer lo que me diese la gana. Si me desnudo, queda allí, ¿sabes? Ahora no puedes decir, ni hacer… Entonces, claro que tengo una responsabilidad. Si yo te canto una canción mal, a lo mejor la oyen en Brasil que he desafinado. La responsabilidad la siento por esa sobrexposición en la que vivimos.

Sabemos de sobra que eres un cantante al que las cifras, los números, le dan completamente igual. Entonces, nos encantaría saber tu definición de éxito.

A.S.: Las cifras, con perdón, me importan un carallo. No sé cuánto se ha vendido cada uno de mis discos. Sólo sé que un día hubo 10.000 personas en el Wizink, ese día que se llenó, esa cifra se quedó, porque fue el día que cantó Joan Manuel Serrat conmigo y cantamos Lucía, y el día en el que cerré Mi pequeña historia y fui el hombre más feliz del mundo. El motivo principal es porque no tengo ni puta idea de cómo van las cifras. Yo, con perdón, paso de los morritos de Instagram.

El que viene con sus morritos está buscando el agradar, vender permanentemente.  Creo que etiquetar al público de imbécil te puede llevar al foso, a la pérdida. El público sabe muy bien qué consumir, sobre todo, por esa sobreoferta que tiene. En Spotify tienes 2.000 cantautores. Entonces, si uno encuentra verdad, creo que se queda. ¿Cuál es la clave del éxito? Hacer canciones que me remuevan y entonces ya intento que te remuevan a ti.

“Cuando me suba a un escenario, eso va a ser una llorera…”

En cuanto a la vuelta al directo, ¿qué crees que va a ser más especial: presentar un disco tan personal como este o volver al escenario después de haber estado confinados?

A.S.: Imagínate si soy intenso, pues ahora súmale las dos cosas. Repito, esos músicos que yo tenía esperando, esos técnicos… contábamos con tocar a finales de año o el año que viene. Ahora que parece que volvemos, me acuerdo de los peores momentos que pasé aquí esperando a que eso llegara. Entonces, cuando me suba a un escenario, eso va a ser una llorera…

Y no me voy a quejar, porque vale que habrá menos gente, pero ¡coño, te estoy diciendo que soy hijo de sanitaria! como para no tomar las medidas de seguridad pertinentes. Lo primero es la salud. Va a ser tremendamente emotivo, se me ponen los pelos de punta de pensarlo. Es volver a contar una historia, hablar de Nina, de Calella… ¡Va a ser la hostia! Tengo muchísimas ganas.

Teniendo ya ocho discos como tienes y ante la afirmación de que cantarás las diez del último, ¿cómo vas a elegir qué canciones cantar y cuáles no en tus directos? 

A.S.: Voy a cantar las diez. Es la primera vez en mi vida que me pasa esto. Antes, igual en un disco de quince canciones, cantaba cinco; pero ya se van sumando canciones y hay que elegir porque tengo que hacer un concierto de dos horas, no de cuatro [risas].

Estas diez, cuando yo las oigo, me pasa que pienso: “esto me mola”, “esto soy yo”, “esta frase de aquí la tengo que decir” … y lo sumo y digo “vale, están las diez”. Y no pienses por favor que es un momento de ego o sobre autoestima.

Además, creo que si no canto No saben de ti, me van a tirar una botella de cristal en la cabeza [risas]. Entonces, va a elegir la gente, en estos primeros conciertos. Antes hablábamos de cifras, pues no sé ni para cuántos voy a cantar, pero sé que voy a cantar. Creo que voy a tener que ofrecer, ya que estoy aquí, ya que me han sacado de casa después de tres meses solo en Torrelodones ¡Que elija la gente!

Y ya para terminar: ¿qué esperas que tu disco implique en las vidas y almas de aquel que lo escuche?

A.S.: Pues te va a parecer una suerte de cursilería, pero ahora que vengo de estar unas horas en Santiago y de una llorera en la Catedral, pues supongo que el estar encerrados, el que te quite la libertad un virus… Entiendo que se hagan memes y hagan gracia; ahora lo que no puedo entender, es que después de la cantidad de muertes… se separen amigos y familias por la política. Y todo por lo que hemos visto en este show.

No voy a politizar mi mensaje. En esta mesa desde la que te estoy hablando en mi casa, han estado mis amigos de distintos partidos políticos y esas jornadas eran interminables. Primaba la persona, el cante, el abrazo y las risas. ¡Y no había orgías porque ellos no querían!, pero aquello era la hostia [risas]. Eso, te garantizo que desapareció.

Las últimas promos que estoy haciendo, y uno de los motivos por los que te digo que me está gustando esta entrevista, es que el tema promo parece que es como: “Vale, disco. Política, ¿a quién votas?”. Parece que va por ahí. Pues oiga usted, ¿se piensa que yo voy a tener a un tío en la puerta mirando a ver si eres rojo o azul y así puedes entrar al concierto? ¡Váyanse ustedes a la mierda!

Entonces, contestando a tu pregunta: ¿cuál es el mensaje? Amor. Sé que suena cursi, pero démosle una vuelta. Al final todo se resume en amor, en decir: “oye tío, que te quiero, que te echo de menos” ¡Amor, tío! Yo hablo con la gente que más quiero y me dicen: “es que voy a salir y voy a hacer el amor”, “voy a quedar con alguien y me voy a abrazar y comer a besos porque llevo 3 meses sin verlo”. Eso es lo que pretendo.

Es lo mismo que hice en Instagram, cuando participé en el #Yomequedoencasa. Hubo gente que me respondió diciéndome que les había ayudado. Pues cuenta conmigo, si voy a hacer que te olvides del puto bicho y esto va a hacer que le digas “te quiero” a la gente, cuenta con ello.

Amor” es el mensaje que pretende transmitir el gallego con su último trabajo. Amor, nada más. En momentos como el provocado por la crisis sanitaria actual, en el que “ahora todos son astronautas” y todo el mundo sabe de todo que se acaban provocando enfrentamientos absurdos, el amor es la mejor medicina para combatir la estupidez.

A pesar de que subirse a un escenario, “va a ser una llorera” para Andrés, deseando estamos de la llegada del 6 de julio. Ese día que empezará la gira que el artista cataloga de “rara”, pero en la que habrá una suma peligrosa -sentimentalmente hablando- de “vuelta a los directos” más “presentación de un disco homónimo”.

En definitiva, diez canciones conforman el disco Andrés Suárez, desde la toxicidad de Despiértame hasta la sensualidad de Nina. Un disco, por tanto, digno de escucha y en el que sentir una letra escrita por Suárez, supone todo un espectáculo emocional.