Amaneció gris y con frío. En torno a las 10 de la mañana, la niebla se había apoderado de Madrid y, con este escenario, daban ganas de volverse a la cama, pero por Santos Ovarios comenzamos la jornada en las oficinas de RLM y en compañía de Brisa Fenoy.

La gaditana estrenaba sencillo ese mismo día y la ocasión merecía una buena charla. Un café calentito y un puñado de nueces, le proporcionaron la energía que no consiguió reponer durante la noche. Cuatro horas de sueño nada más, que logró disimular durante una conversación, que nos reveló a una Brisa cercana, muy espiritual en su forma de vivir y de pensar, pero tremendamente terrenal en las distancias cortas. Pisa sobre suelo firme y no permite que los éxitos profesionales le nublen la mirada ni la encumbren a posiciones con las que no se identifica.

Allá por el verano de 2017, se abría paso en la escena musical española de la mano de Ella, su primer single. Una canción protesta, en la que ensalzaba la necesidad de la mujer de deshacerse de ataduras y ser ella misma y con la que ya, desde sus inicios, mostraba el carácter comprometido de sus composiciones. Sin embargo, fue su adaptación de Lo Malo para Operación Triunfo 2017 la que batió records y superó todas las expectativas. La canción logró el puesto nº 6 en el Top 50 Global de Spotify, convirtiéndose en una de las más virales de 2018.

A ello, le siguieron nuevas canciones como Free y Parriba, jornadas intensas de promoción, shows por diversas ciudades de la geografía española y… Un parón de cuatro meses, necesario para tomar aliento y centrarse en la producción de nuevos temas, como Santos Ovarios, su último sencillo. Con esta canción, Brisa da un golpe sobre la mesa y sin tapujos realiza una crítica a la industria musical. 

¿Ha sido una cuestión de Santos Ovarios lanzar esta canción?

Brisa Fenoy (B.F.): Era algo que necesitaba explicar. Necesitaba contar que por el hecho de ser mujer, modelo, etc. me he sentido un poco impulsada por la industria a hacer algo que yo no quería. Es frustrante que te encasillen en estereotipos y yo ya estoy un poquito harta. Yo no me veo ni soy así. Entonces, Santos Ovarios es una sátira de la industria musical. 

Una crítica que utiliza el género urbano como vía para llegar al gran público. 

B.F.: Necesitaba contar esto de una forma que a la gente le llegase muy directa y utilicé un tipo de música -el reguetón-, que hace todo lo contrario a lo que defiende la canción. 

¿Te sientes satisfecha con el resultado?

B.F.: Estoy muy contenta. Las canciones son como tus bebés. Además, antes en la discográfica no me dejaban sacar muchos temas. Era todo muy lento… Entonces, decidí irme y “parar” como unos cuatro meses. Durante este tiempo, me he dedicado a producir mis propios temas, a componer en el estudio de mi casita y ahora tengo como unas 30 canciones nuevas.  Santos Ovarios es la primera que sale porque la hice hace un año y medio con un productor de Tenerife muy amigo mío. 

¿El parón fue una cuestión de necesidad?

B.F.: A los artistas se nos pide una precisión, un trabajo, un ritmo muy fuerte. Sin descanso y sin parar. Una artista -y yo pienso que cualquier persona- necesita tiempo para ella y para la creación. Mira, yo empecé profesionalmente en la música hace dos años y medio con Universal y con Rosa en RLM. Yo antes tenía más tiempo libre, pero con todo lo que pasó con Lo Malo dejé de tenerlo. Yo soy modelo y saco mis ingresos de ahí porque todavía no vivo cien por cien de la música. Entonces, haz marcas, haz cosas de modelo, entrevistas para promocionar los temas, ensaya los shows, haz shows, compón y produce tus canciones, haz tu propio estilismo, son tantas cosas… que necesitaba este parón como el comer.

Y ahora con 30 temas bajo el brazo y la libertad que te da no depender de una discográfica ¿Cuáles son tus siguientes pasos?

B.F.: Ir a Colombia a producir con Chris Castagno mi álbum. Él  es un tipo muy espiritual y tiene una concepción ideológica muy parecida a la mía. Necesito hacer algo puro y muy espiritual porque, a parte de reivindicar por fuera, yo creo que también es necesario darnos mucho amor a nosotros mismos, tomar conciencia y hacer mucho trabajo metal para estar listos para tomar las mejores decisiones para cambiar el mundo.

Precisamente, sobre hacer de este mundo un lugar mejor, hablas en tu canción Generación, cuando dices “el arte para donarlo en forma de arma”. Y yo te pregunto: ¿y la música para cambiar el mundo?

B.F.: Sí, también ¡Claro! El arte para donarlo en forma de arma, lo que quiere decir es que cualquier arte es un arma para cambiar el mundo. Y la música, yo añadiría, que no tanto para cambiar el mundo, sino para cambiarnos a nosotros. La música llega a nosotros y nos mueve a actuar.

Yo no soy ni modelo, ni cantante, ni actriz; yo soy una persona que hace arte y, sobre todo, que quiere cambiar el mundo y lo hace a través de la música. Desde pequeña mi sueño era ese. Obviamente no lo voy a cambiar, está clarísimo, pero cada uno de nosotros podemos hacer grandes cambios mediante pequeñas acciones.

¿Por eso escribiste Jericó?

B.F.: Hice ese tema porque estaba familiarizada con esa realidad. Yo soy de Algeciras (Cádiz), mi hermano es fotoperiodista y tengo amigos que trabajan en CEAR y Cruz Roja. Necesitaba mostrar la realidad que he vivido desde pequeña. El cementerio más grande del Mediterráneo es el Estrecho y me sorprende ver lo deshumanizada que está la gente. Los políticos y las grandes empresas nos han metido en la cabeza el discurso de que los inmigrantes vienen para quitarnos las ayudas y la gente lo tiene asumido. Sobre esto siempre digo lo mismo: imagínate que hay 1.000 galletas en una mesa. Alrededor estás tú, ciudadana de clase media; yo, inmigrante; y una multinacional. La multinacional coge 999 galletas y la que sobra te la da a ti. Entonces, te dice: “ten cuidado que el inmigrante te la va a quitar”. En ese momento, lo que tendría que hacer el inmigrante y nosotros -que somos lo mismo y también fuimos inmigrantes con la Guerra Civil- es decirle a las empresas que paren de comprar y de consumir las cosas que no son éticas. Pero claro, estamos agobiados por el trabajo, porque no llegamos a fin de mes… A eso súmale las redes sociales, el videojuego, el Netflix… Que yo lo entiendo y soy la primera que también lo ve, pero tenemos que despertar cada día y ponernos a hacer cosas. Tenemos que accionar.

Si el drama de las personas que cruzan el Estrecho te tocó de cerca, también estuviste en  Estambul (Turquía) y viviste de primera mano la realidad de los refugiados sirios. Háblame sobre esta experiencia. 

B.F.: Trabajaba como modelo para pagarme la música y mi primer viaje fue a Estambul. Lo que más me impactó de ese viaje fue el contraste, allí hay dos realidades súper diferentes: está el súper lujo, mucho más que aquí, y la pobreza extrema. Yo eso no lo entendía y no lo llevaba muy bien. Recuerdo que con las modelos y los fotógrafos íbamos a centros comerciales muy lujosos y, cuando salías, veías a un montón de familias con niños y bebés -muchos iban descalzos-, llevando trozos de cartón. La mayoría ni pedían. Esto fue como en 2012 o 2013, cuando todavía no se conocía demasiado de la guerra de Siria. Entonces, me explicaron que todos ellos eran sirios y que muchos estaban en Turquía porque les daban el pasaporte a cambio de que votasen al presidente Tayyip ¡Para que veas!

En ese momento, dije: “lo de modelo está bien, pero me voy a lanzar a la música, aunque no me quede sin dinero porque tiene que ser así”. Me vine a Madrid y, aunque tuve propuestas de varias discográficas, al final acepté firmar con Universal porque su contrato era el que más libertad me daba. Fue Rosa (fundadora y directora de RLM) la que me lo facilitó, creyó en mí y me aceptó esta libertad de discurso y arte.

Con esta libertad de discurso y la experiencia profesional de estos dos o tres últimos años ¿qué le diría la Brisa Fenoy de hoy a aquella que desde pequeña soñaba con cambiar el mundo?

B.F.: Le diría que crease su propio camino, creyese en ella y se empoderase, que no creía mucho… Antes siempre estaba con el “Ay, yo no puedo”, “lo otro es mejor”, “yo nunca voy a llegar, porque esto es muy difícil y yo no soy nadie”. Y ¡Cómo que no eres nadie! Todos somos alguien y todos tenemos cosas que hacer y que decir.

Brisa Fenoy se define a sí misma como “un bicho raro”, a la que le cuesta encajar con los artistas de su edad. Por eso, ha buscado el apoyo en compañeros como Macaco, Jorge Drexler, Chambao o Mala Rodríguez. Se le ilumina la mirada cuando habla de ellos, al igual que lo hace cuando trata temas que conoce de primera mano. Su afán por cambiar el mundo está escrito en su ADN y la música se ha convertido en la excusa perfecta para su autorrealización. Ahora, ya no solo comparto año de nacimiento, sino también conversación con Brisa Fenoy.

Texto y entrevista: María Sánchez

Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.