¿De qué trata la vida? La respuesta podría hallarse, quizá, en los libros de Filosofía, pero hay veces en las que resolver el interrogante es más sencillo de lo que parece. La vida consiste, por ejemplo, en salir de trabajar un jueves por la tarde, llegar a la madrileña sala Galileo Galilei en compañía de buenos amigos y disfrutar de una noche de concierto de la mano de Isma Romero y su banda.

La gira Cara a Cara del valenciano aterrizó el pasado jueves en Madrid y puso patas arriba el número 100 de la calle Galileo con ese pop-rock, que en forma de Gotas Suicidas se fue adentrando en la sangre de cada uno de los presentes, convirtiendo la noche en una velada irrepetible. El público cantó, bailó, saltó y, aunque ninguno fuésemos eternos, durante algo más de una hora y media nos sentimos como tal. 

Temas de sus discos anteriores, Antes de que Esté Prohibido (2014) y Luminiscencia (2017), se intercalaron con los de su último EP, Cara a Cara. Unas canciones, las de este último trabajo, que pusieron el Fogonazo de Luz a la velada, pues Romero no estuvo solo en el escenario y quiso rodearse de buenos compañeros y amigos. Junto a Bely Basarte nos demostró que, cuando dos voces reman a favor de la Corriente, el tema se engrandece y algo Cerca del Corazón se estremece.

Minutos más tarde, David Otero tomó el relevo y su Rehén, paradójicamente, nos hizo sentir más libres y vivos que nunca. Ni los Héroes de la vida de Isma -sus padres- pudieron hacer frente a la revolución que los dos artistas montaron durante los tres minutos y medio que dura la canción. Por eso, llegó el momento de rebajar la euforia con una parte acústica, en la que destacó la compañía de Andrés Suárez. Juntos salvaron la Distancia público-escenario y surgió la magia. 

El final se acercaba y marcharse de allí, sin duda, era una Mala Idea, porque en el ambiente las ganas de continuar con la fiesta eran más que evidentes. Siendo consciente de ello, Romero encaró la recta final con un invitado a la altura de las circunstancias. “Se ha convertido en un buen amigo”, confesaba el cantante, segundos antes de que Alfred García uniese su voz a la de Isma, para dejarnos a todos los presentes una Cicatriz en alma y corazón.

El cierre, en esta ocasión, tuvo nombre de mujer: Carlota, quién remató una noche, en la que Isma Romero evidenció por qué se ha ganado su hueco en el difícil mundo de la música. Y si a estas alturas todavía se andan preguntando ¿De qué Trata la vida? Les diré que la respuesta la tienen una vez que levanten la vista de estas líneas.

Texto y fotografía: María Sánchez

Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.