Con una carrera de dieciocho años a sus espaldas y multitud de éxitos cosechados, David Bisbal regresaba anoche a la madrileña Plaza de Toros de Las Ventas, un recinto que ha abarrotado en varias ocasiones y que ayer se convertía en “un teatro improvisado” para repasar, junto a sus seguidores, toda su trayectoria musical.

Si bien las condiciones estructurales de la Monumental madrileña limitaron el aforo a unas 5.000 personas aproximadamente y fueron las responsables de dejar todo el graderío desangelado, ello no fue obstáculo para un público, que desde el minuto uno se hizo sentir y rellenó con sus gritos de apoyo y su cariño el vacío de las gradas.

Con este ambiente, la noche se preveía especial y confirmamos que fue. Haciendo alarde de puntualidad, a las diez de la noche las luces de la plaza se apagaban y un enérgico David saltaba a escena al grito de “Quién me iba a decir que serías la lluvia y yo la tempestad …”. Arrancaba así un directo para dejar atrás las penas y adentrase de lleno en el epicentro de terremoto Bisbal.

Tras un inicio por todo lo alto, que no hizo más que anunciar la gran fiesta que se avecinaba, Antes Que No -el primer sencillo de su último álbum Hijos del Mar (2016)- terminó de encender una mecha que se mantuvo incandescente durante los algo más de 90 minutos que duró el show.

“Aquí hemos venido a cantar y bailar”, comentó el almeriense en su primera intervención en la que, además de mostrar su entusiasmo por volver a la Plaza de Toros de Las Ventas, ante sus seguidores se declaró “Culpable de quereros tanto y amaros con todo mi corazón”. Una balada que cautivó a los presentes y con la que el artista se ganó con creces la indulgencia del respetable.

Lo Tenga o No se convirtió en un oasis, donde recuperar el aliento y volver a coger energía para afrontar un medley de lo más marchoso. “Es hora de mover la cintura”, gritó el cantante para dar paso al desenfreno que provocaron Lloraré Las Penas y Como Olvidar.

Con las pulsaciones por las nubes y la adrenalina disparada, llegó el momento de rebajarlas. Un viaje en el tiempo con parada en el londinense teatro Royal Albert Hall nos mostró a un David mucho más íntimo, emocional y sensible. Si en 2012 enmudeció al público británico, ayer La Capital sintió en propia piel cómo la voz del almeriense buscaba refugio entre los corazones de quienes ‘siempre contigo‘ están, David. Así Desnúdate Mujer, Quiero Perderme en Tu Cuerpo, Esta Ausencia, Me Derrumbo y Amar es lo Que Quiero detuvieron el tiempo, hasta el punto de que nadie deseaba que amaneciese.

Con una luna alumbrando el cielo de Madrid, en una noche en la que se festejaba el amor libre, el Silencio fue testigo de una declaración de amor, en la que David se confesó Esclavo de Tus Besos. Una canción que inexplicablemente no pasó del primer estribillo y que el cantante y su banda cortaron de golpe para que El Ruido se abriese paso entre la multitud. “Esta canción realmente nos ha unido, porque toda la gente se siente identificada con la letra de mi maravillosa Vega”, autora de la canción y a quién no dudó en mostrar su eterno agradecimiento. 

La recta final de concierto se acercaba y Dígale, con dedicatoria incluida a todos los niños y niñas, y Mi Princesa pusieron el punto tierno; mientras que A partir de Hoy y Perdón se convertían en la antesala perfecta para el gran estreno. Bésame, su nuevo single, revolucionó una plaza decorada -para la ocasión- con globos rojos en forma de labios. Una sorpresa por parte de sus fans que el cantante recibió con una sonrisa.

Tras presentar a toda la banda, Bisbal decía adiós y abandonaba el escenario. Una despedida que no sonó muy convincente. Ya me entienden, faltaban los bises. Así, minutos más tarde aparecía de nuevo sobre escena, vestido de negro y enfundado en una chupa de cuero granate, para encarar el fin de fiesta a golpe de Bulería y un renovado Ave María.  Por si se lo están preguntado, no, no faltaron los saltos, ‘las bisbi vueltas‘ y los gestos continuos de complicidad con sus incondicionales. Y aunque, terminado el tema, David Bisbal se marchó sin pronunciar palabra; lo cierto es que supo contagiar desde el primer momento su buena energía y nos brindó una faena digna de pañuelo blanco y gran ovación.

Texto: María Sánchez