Miguel Ánge (voz) y Josemán Escrivá (gitarra), Soni Artal (guitarra) y Pau García Serra (batería) o, lo que es lo mismo, Santero y los Muchachos presentan Rioflorido (2019), su nuevo álbum

Dos años han pasado desde que los autodenominados padres del rock reposado debutasen con Ventura (2017), un disco que sentó los cimientos de la banda y les dio alas para para seguir escribiendo canciones. “En nuestro ADN está evolucionar como creadores y cambiar”, confiesa Miguel Ángel. Por este motivo, el pasado 1 de marzo Santero y los Muchachos regresaban a la primera línea con una nueva colección de canciones que invitan a degustarlas en repetidas ocasiones, ya que sus melodías y líricas cargadas de mensajes no dejan indiferente a quien las escucha. 

Grabado en Valencia, Rioflorido prodiga el nombre del primer Marqués que habitó el lugar donde se ha llevado a cabo su composición y grabación. Un palacete del siglo XVIII deshabitado, cargado de historia y buenas energías cedido exclusivamente para la ocasión. Sobre este trabajo y música en general, nos sentamos a hablar con Miguel Ángel y Soni, el cincuenta por ciento de Santero y los Muchachos. 

Os denomináis “los padres del rock reposado” ¿Qué caracteriza a Santero y Los Muchachos como banda de rock y os diferencia del resto?

Santero y Los Muchachos (S.M): Creo que es la gente la que tiene que decir qué nos caracteriza. Nosotros no hacemos más que vomitar los sentimientos y sonidos que hemos aglutinado durante muchos años. No tenemos 20 años, pero sí llevamos 20 años escuchando rock y pop clásico y Santero y Los Muchachos es producto de ello. Llevamos tocando toda la vida juntos, pero solo a partir de que pongo voz a mis canciones, encontramos la manera de verter toda esa escuela.

Vuestro primer disco, Ventura, lo definíais como “un buen ambientador de coche, agradable y casi necesario”. Recientemente habéis publicado un segundo trabajo, Rioflorido, ¿cómo lo calificaríais?

S.M: Este disco es para escucharlo en un camión [risas].

¿Qué particularidades tiene con respecto al anterior?

S.M.: Ventura es un paseo más agradable, porque evoca más a paisajes sonoros y tranquilidad. Rioflorido, sin embargo, viene un poquito más cargado, tiene un poco más de músculo. No es tanto un paseo de domingo, sino que se asemeja más a un día de trabajo de un camionero.

¿Qué recuerdos os deja ese paseo de domingo que es Ventura?

S.M.: Al sacar este álbum, tuvimos algunas dudas por si el sonido le podía chocar al oyente pero, al final, éste no deja de ser una continuidad. Un periodista nos dijo que Rioflorido lo veía como un fascículo dos de nuestro primer disco y nos pareció buena definición. El otro tiene un poco más de morriña y éste habla más del presente.

Un presente al que también se le han incorporado más variedad de sonidos …

S.M: Realmente la variedad existe en los dos discos. Al componer nos aburrimos de elegir siempre un mismo patrón. Así que hay una variedad que se ha mantenido aquí: Mañana Asesina y Octubre, por ejemplo, son únicas en su especie en este disco. 

En tiempos de single, ¿sacar un álbum es un acto de riesgo para una banda?

S.M.: Los periodistas lo consideran un proyecto arriesgado porque no se parece demasiado a nada, pero realmente llegan tarde con esta conclusión, porque nosotros hemos intentado lógicamente acomodarnos a los tiempos. Hemos sido rechazados por managers o discográficas, así que nos hemos tenido que incorporar a la escuela de la autoproducción que parece que es la que manda. Entonces, había un riesgo … pero también contábamos con el apoyo de la gente, que es en definitiva lo que queríamos.

¿Qué ventajas o inconvenientes tiene la autoprodducción?

S.M.: Creo que la mayor desventaja, porque la hemos vivido durante todo el proceso de producción, es la de no tener una fecha de cierre. Al marcar tú los tiempos, todo se posterga demasiado. Eso creo que es lo malo dentro de lo bueno, porque también es verdad que eres más libre … Este camino es un poco más costoso, pero hemos podido crear nuestra propia isla, a la que la gente va añadiendo tierra y vamos creciendo. Se puede decir que siempre hemos estado en tierra de nadie y con este proyecto ya estamos en tierra de unos pocos, que cada vez son más. 

Un camino con sus baches, pero que os ha conducido a crear vuestro propio sello.

S.M.: Sí, lo del rock reposado empezó como una broma porque llevábamos demasiado tiempo en la música y pensamos que era una buena definición para nosotros. 

Hablando de estilo propio e influencias, en este álbum habéis incluido He de Olvidarte, una canción escrita en los años 60 por el padre de Miguel Ángel y Josemán Escrivá ¿Por qué habéis decidido rescatarla?

S.M.: Somos ultradefensores de las épocas doradas del Rock & Roll – años 50, 60 y 70- y de los sonidos que han ido creando escuela del Rock. Entonces, hemos decidido incluirla en este proyecto, dándole un carácter muy sexty porque lo merecía. La canción está escrita en el año 1965 por mi padre y en su día la tocaba en directo con su grupo: Los Huracanes. Posteriormente, Adam Group la versionó y ahora nosotros la hemos llevado a nuestro terreno, concluyéndola con un estribillo un poco más festivo.

Hablando de Pepe Escrivá, ¿él es el responsable de que tanto tú como Josemán os dediquéis a la música?

S.M.: Él es totalmente responsable de ser un insolvente económicamente hablando, porque la música tiene estas cosas inestables … Pero, en cambio, nos ha dado lo más importante: la música y la oportunidad de hacer muy buenos amigos. No me arrepiento para nada de haber elegido una profesión tan inestable que, por otra parte, es lo que nos gusta: ese no saber qué va a pasar mañana.

¿En la incertidumbre está la adrenalina?

S.M.: Sí. De hecho, yo creo que elegimos esta profesión por eso. Yo (Miguel Ángel) tenía un trabajo fijo estupendo en el Puerto de Valencia, donde estuve 9 años; pero me aburría saber que mi cuenta iba a seguir llena y que todo iba a continuar sucediendo igual el resto de mi vida. Así que, cuando pude, lo dejé y aquí sigo desde hace 15 años.

¿Cómo surge Santero y los Muchachos?

S.M.: Santero y los Muchachos surge porque la santería obedece a un aglutinamiento de creencias religiosas. La nuestra es la del Rock & Roll y los diferentes dioses que el mismo nos ha dado desde Elvis a los grandes. Por su parte, a los muchachos los llevábamos en los comienzos de la banda como coristas. Ellos eran mi padre y otro rockero, que falleció. Así que mantuvimos el altar y el nombre.

Con dos discos en el mercado y muchos kilómetros a las espaldas, ¿la recompensa siempre se encuentra al Volver a Casa?

S.M.: Esta canción habla de que, al final, lo que más cuenta es sentirse bien rodeado. Volver a Casa tiene un doble sentimiento: por un lado, refleja la necesidad de salir de ella porque te dedicas a esto; y por otro, muestra que nada de esto existiría, si cuando llegas a casa no hay nadie esperándote. 

Con la experiencia de estos años, ¿qué le diría la banda de ahora a ese grupo de amigos que un día decidió crear Santero y los Muchachos?

S.M.: Hubiera evitado la primera época de sacar toda la artillería al escenario y les hubiera dicho: “dejad de intentarlo con multinacionales y gente que se supone que manda en el negocio y haced vuestro camino con tranquilidad, porque la gente va a estar ahí si las cosas las haces con cariño”

Para finalizar, ¿qué es el éxito para Santero y los Muchachos?

S.M.: Vivir de esto y poder estar después de tantos años con tus amigos subido en una furgoneta y poder contarlo. Al final el éxito es básicamente un equilibrio entre ilusión y poder mantenerte haciendo lo que te gusta. Una de las frases más comentadas aquí es que necesitamos comer de la música y no solo beber [risas]. 

Santero y los Muchachos
Santero y los Muchachos / Artwork: Carla Fuentes

Su rock reposado seduce y trasporta a ese lugar alejado del mundo, donde solo habitan melodías y letras elaboradas con el barroquismo propio del rock, pero disfrazadas con una exquisita sencillez. Si buscan un oasis en mitad del ajetreo de su ciudad, viajen hasta Rioflorido de la mano de Santero y los Muchachos.

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Texto y entrevista: María Sánchez

Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.