Rayden, cantante. Foto de Inma Flores

En una época en la que el single parece ganar la partida al álbum en la esfera musical, David Martínez Álvarez, más conocido como Rayden, aboga por la música honesta, profunda y por un proyecto que, lejos de resumirse en canciones fugaces, aspira a permanecer en el tiempo. Tres discos –Antónimo (2018), Sinónimo (2019) y Homónimo (sin fecha de lanzamiento todavía)-, que no nacen con el propósito de “pisar fuerte“, sino de “dejar huella“. 

Rayden no habla bajito, expresa alto y claro lo que siente y su manera de ver el mundo. Crítica social, política, amor y feminismo encuentran su refugio en Sinónimo, la segunda parte de la trilogía y un álbum, que basado en el aforismo de Gloria Fuertes:“Lo primero, la bondad; lo segundo, el talento. Y aquí termina el cuento”, ha seducido tanto a crítica como a público. Dice el madrileño que Sinónimo no es un disco de rap, es un trabajo que mezcla muchos estilos y temáticas diferentes e incluye, además, las colaboraciones de grandes nombres como Iván Ferreiro, Bely Basarte, Pablo López, Andrés Suárez y Rufus T. Firefly

Bemol Magazine ha tenido la oportunidad de sentarse ha hablar un rato con Rayden y, a continuación, os dejamos con el resultado.  

Sinónimo es la segunda parte de una trilogía. En tiempos de single, ¿consideras que es arriesgado lanzar un proyecto así?

Rayden (R.): Sí, pero creo que si no implicas el riesgo, no solo esta trilogía, sino el álbum en general no tendría tampoco ese punto conceptual. Y si en los tiempos que corren hacer algo conceptual, hilado y con una profundidad de campo es arriesgado, creo que no habla bien de lo que está pasando hoy en día en el panorama musical o en el lugar donde está puesto la mayoría del foco. Entonces, en tiempos en los que parece que los temas son como cromos o fascículos, que se van sacando cada mes uno o dos, pues quise mostrar un disco o un intento de disco redondo y con muchas capas, donde cada tema es importante y podría haber sido carne de single.

En tu canción Gargantúa hablas precisamente de este momento musical que vivimos en la actualidad y lanzas sentencias como “bolsillos llenos, arte vacío“, “por cada billete lanzado en un vídeo, la música pierde todo su valor” o “poca musa, mucho marketing, siempre tienen algo que contar, pero poco que decir” ¿Se está desnaturalizando la música y convirtiéndola en un mero producto de consumo?

R.: Sí. Yo me acuerdo este año en Santa Cecilia, que es la patrona de la música, que se estaba hablando más de marketing que de otra cosa. Sin entrar en si esto es mejor o peor, si pienso que es un reflejo de nuestros tiempos y esto es algo que a mí me apenaba. Por eso, con Gargantúa quise reflejar que me sentía un poco en tierra de nadie como el personaje de la novela. Me siento en mitad de una guerra civil entre la vieja guardia, que quiere ser Saturno y comerse a sus hijos por miedo a que le quiten lo suyo, y las nuevas propuestas que, en un vago intento de convertirse en vanguardia, pretenden ser el hijo que mata al padre. Al final, es todo muy superfluo y hay muy pocas propuestas que sean profundas. Entonces, lo que quería demostrar y dejar en evidencia es este tipo de cosas, que es a lo que parece que se ha quedado relegada la música hoy en día.

Al hilo de lo anterior, en Habla Bajito realizas una crítica social y política ¿Consideras que en el mundo en general y en el de la música en particular existe cierto “miedo” a tocar ciertos temas o a ser la voz discordante?

R.: Yo creo que hay gente que se pasa y otra, con nombres muy grandes, que parece que ni sienten ni padecen y no se quieren mojar en según qué temas. No hace falta ser muy reivindicativo, sino simplemente mostrar que viven y son sensibles a lo que pasa en la realidad. Entonces, eso sí que, a veces, lo echo en falta. Creo que cualquier tipo de censura es mala, pero no hay mayor y peor censura que la autocensura. Esto es precisamente lo que evidencio en Habla Bajito.

¿Consideras que a través de la música o el arte en general podemos construir una mejor sociedad?

R.: Creo que no, pero también es cierto que lo primero que hay que hacer es el dicho para que llegue el hecho. Por lo tanto, considero que la palabra es un buen punto de inicio para cambiar las cosas. Sin embargo, a día de hoy, veo como más miedo a perder lo que se ha ganado o miedo a no llegar a donde deberían estar, que a mostrarse personas humanas.

Llegados a este punto, queríamos hacer referencia a Caza de Pañuelos, un tema que condena la violencia machista. Cuéntanos por qué la escribiste.

R.: Es la primera canción que escribí del disco y nació desde el asco o el veneno que necesitaba sacar. Además, con ella quise hacer como el antisingle, es decir, una canción poco comercial, de tal manera que si la gente solo escuchaba de mi nuevo disco esta canción, al menos que se quedase con esta idea. Por eso, quise que la primera estrofa fuesen citas que cualquier hombre pudiese decir, en la segunda que fuesen citas que tanto hombres o mujeres hayan podido decir y en la tercera hacer una reflexión. De forma que cada uno, desde nuestro nivel, intentemos aprender, hacer una relectura y limar conductas negativas, para que el día de mañana podamos considerar que realmente se está haciendo algo por el feminismo, porque creo que a día de hoy no ha cambiado nada.

“La única fisura que veo es esta canción (Caza de Pañuelos)”

Además, en el videoclip de la canción quisiste ceder todo el protagonismo a las mujeres …

R.: Puff … Es que ésta es la canción rara del disco para mí. Mira que creo que es un álbum sin fisuras, pero la única fisura que veo es esta canción, porque con ella tengo una pelea cada día y ahora que estoy de promoción en cada entrevista.

¿Por qué?

R.: Porque en este proceso que te comentaba de reaprender y reformular, creo que, a día de hoy, no hubiese hecho esta canción. Simplemente hubiese utilizado mis redes para rebotar este tipo de mensajes si los lanza una mujer. Porque, aunque haya nacido desde el compromiso más puro, al final de quien están coreando la canción es de un hombre. Entonces, hoy no hubiese hecho esto y hubiese defendido mis ideas desde otro punto.

“Parece que una mujer tiene que hacer el quíntuple o el sextuple que un hombre para que esté reconocida al mismo nivel”

No obstante, he optado por sacar la canción, la he lanzado como primer single, está protagonizada solo por mujeres y tiene una finalidad benéfica, para que todo el dinero generado con ella vaya a una asociación feminista de supervivencia machista. En el vídeo, solo salen dos hombres y de espaldas que suponen el contrapeso o hándicap negativo que tienen superar todas las mujeres en el deporte y en todos los ámbitos. Parece que una mujer tiene que hacer el quíntuple o el sextuple que un hombre para que esté reconocida al mismo nivel. Por eso, en lugar de quitar la canción, lo hago al revés. Incluso, el día de mañana voy a sacar una versión cantada solo por mujeres y espero que sea esa canción la que destrone a ésta.

Llevas ya muchos años en la música y has logrado forjar tu propio estilo que no siempre es fácil dentro de la industria musical ¿Te han dejado hacer o te has sentido con la libertad de crear los temas a tu manera?

R.: A nivel industria, si hablamos de discográfica, sí que me han dejado hacer. También es cierto que yo soy un poco “cabrito”. Me explico: Yo fiché por Warner para esta trilogía, después de que con mi tercer disco, En Alma y Hueso, entrase en un número 7 de ventas. Cuando yo hablé con ellos, les expliqué todo y les dije: “necesito que me dejéis trabajar y que no preguntéis”, porque, si intentáis modificar lo que tengo, no voy a ser lo que soy. De hecho, solo les dejé escuchar el disco de Antónimo cuando ya iba a fábrica. Ahora, con el segundo, con Sinónimo, les dejé escucharlo antes para elegir el single.

De hecho, cuando allá por 2006 ganaste la Batalla de Gallos de RedBull una multinacional quiso ficharte y rechazaste su oferta.

R.: Y mi madre se enfadó muchísimo, porque en ella estaban dos de los artistas que más le gustaban y me dijo que era un descerebrado. Yo le dije que no se preocupase, que iba a llegar al mismo punto o  más.  Y mira, ahora, me ha tenido que dar la razón [risas].

Ahora con el Nº 1 en ventas, te habrá dado la razón seguro.

R.: Sí. El tiempo me ha terminado dado la razón.

En alguna entrevista has comentado que Antónimo no terminó de convencer a tu madre ¿Es ella tu mayor crítica?

R.: De hecho, me dijo que aunque el disco no le había cuadrado, sí que tenía tres canciones que le gustaban: Imperdible con Sidecars, Haciéndonos los Muertos y Pequeño Torbellino, que curiosamente son los tres temas que más lo reventaron de forma indiscutible. Con este álbum, en cambio, me dijo que era de lo mejor que he hecho y parece que la crítica más especializada está coincidiendo con su opinión, porque lo está poniendo muy bien. Así que ¡vaya con “la mama”!

Buen ojo tiene, sin duda. Por otra parte, nos ha llamado la atención que tu relación con el mundo de la música fue bastante tardía.

R.: Y no solo eso, sino que yo en la música empecé totalmente obligado. Al principio, pensaba que no me gustaba la música hasta que descubrí el rap y a Extremoduro, que no tienen nada que ver, pero ambos entraron como a la par. Una noche de verano, estábamos los tres amigos de toda la vida y uno de ellos propuso la idea de formar un grupo de rap –Assamitas y posteriormente A3Bandas-, porque uno de ellos escribía canciones y yo poesía, por aquel entonces. Así empezamos el grupo. Más tarde, cuando gané la Batalla de Gallos (2006), había mucha gente interesada en que sacase cosas en solitario y yo siempre me negaba. Hasta que uno del grupo dijo que quería hacer algo en solitario y yo no me quise quedar atrás. Y así empecé y hasta ahora.

“Para mí escribir es un desahogo”

Escribías poesía antes y lo sigues haciendo ahora.

R.: Para mí escribir es un desahogo y siempre intento que mis escritos tengan ciertas capas, es decir, que cuando la gente me lea se sorprenda con la forma de trasmitir un sentimiento, con el giro final, etc. Escribir poesía para mí es un ejercicio bastante liberador. De hecho, el 19 de marzo saco el tercer libro, El Mundo es un Gato Jugando con Australia, que empecé a trabajar en él justo cuando terminé de grabar Sinónimo. Creí que no iba a ser capaz de escribir más después del álbum y salieron 200 páginas en dos meses.

¡No está nada mal! Y ahora, teniendo en cuenta tu trayectoria como cantante y escritor de poesía, ¿qué le diría el Rayden de ahora a aquel chico que empezó con el rap y llegó a ganar la Batalla de Gallos en 2006?

R.: Le diría que no haga caso a nadie. Si tiene una corazonada, que pase de las voces y que el único que le quite la razón sea el tiempo.

Para terminar, tus últimos discos han funcionado muy bien y se han situado en las posiciones más altas de las listas de ventas, pero nos gustaría conocer ¿qué es para Rayden el éxito?

R.: Una vez que sale el disco, que la gente haga suyas mis canciones. Cuando uno sube al escenario y ve que la gente está cantando un estribillo, se abraza o se mira y tú ves esa mirada nada tiene que ver con la idea de partida del tema es alucinante. Es brutal que algo que yo he escrito en mi casa, les llegue o, incluso, hagan de mi canción un himno. Eso es una gozada.

Rayden
Rayden. Foto: Inma Flores

Con la mirada puesta siempre en lo que sucede a su alrededor y con la música como forma de expresión, Rayden se ha convertido en una de esas voces singulares en el panorama musical español. Enemigo de las etiquetas y con la plana confianza depositada en sus propias composiciones, el artista madrileño ha sabido forjarse su propio sello. Así, Rayden es Antónimo de banalidad, Sinónimo de calidad y Homónimo de honestidad.

“Lo primero, la bondad; lo segundo el talento” y aquí terminamos hoy el cuento

Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.