“Crecí entre manzanos, gallinas, perros y la barra de un bar, en Sarria (Lugo), una localidad afectada continuamente por la sacudida de movimientos sísmicos. A los quince años comencé a tocar la guitarra y a componer mis primeras canciones”cuenta la cantautora Marta Plumilla en su biografía. Inquieta y con esa necesidad de explorar continuamente nuevos mundos, aterrizó en Madrid a los veinte años de edad con el claro objetivo de dedicarse profesionalmente a cantar e interpretar. 

Afirma que por aquel entonces su “inspiración se vio aturdida entre la dicotomía de ser muchas personas o ser yo”lo que le condujo a introducirse de lleno en el mundo del teatro. Pasó diez años volcada en su faceta como intérprete, hasta que un buen día su “voz interior reclamó su espació” y retomó la composición. Fruto de ello, nació Sonata de Miedo para Piano Interpretada en Guitarra por una Guitarrista Pésima e Interrumpida Constantemente por mi Voz Interior, su primer disco. 

En la actualidad, Marta se encuentra inmersa en el Club Plumilla, un proyecto en el que convergen música y teatro y que la artista estrenará el próximo sábado 6 de octubre en el Teatro de las Culturas de Madrid. Sobre su club, su música y demás proyectos hemos hablado con Marta Plumilla. 

A los 20 años viniste a vivir a Madrid y comentas que entonces tu “inspiración se vio aturdida entre la dicotomía de ser muchas cosas o ser solo yo” ¿Cómo es Marta Plumilla como artista?

Marta Plumilla (M.P.): Eso lo puse porque me vine a hacer teatro. Me metí en el mundo de la interpretación y dejé la música un poco de lado. Después, llegó un momento que me apeteció recuperar esa parte que había dejado aparcada y comencé a componer.

¿Tu faceta de actriz influye en tu música?

M.P.: Sí. Creo que el haber estado tantos años dedicada a la interpretación ha influido y por eso en mis espectáculos mezclo el teatro con la música.

¿Dominar el terreno de la interpretación o saber meterte en la piel de otros personajes te han dado tablas a la hora de subirte a cantar encima de un escenario?

M.P.: No tanto el meterme en la piel de otros personajes, pero sí el conocer ese mundo. El teatro tiene un lenguaje, a veces, más claro que la música. Es muy divertido tomar cada canción como si fuera una pequeña pieza teatral y trato de llevar esto a cabo en mis conciertos. Me gusta que haya una puesta en escena.

Y, en este trasladar el espectáculo a los conciertos, surgió el Club Plumilla. Cuéntanos de qué se trata.

M.P.: El Club Plumilla es un espectáculo que mezcla música, teatro y performance y que se estrena este sábado en el Teatro de las Culturas. Además de esto, queremos vivir la experiencia de ser un club para reunirnos y compartir impresiones. En la actualidad, ya hay unos socios del club, que son esa gente que ha ido viniendo a los diferentes conciertos clandestinos que hemos hecho. Ellos ya tienen su carnet de socio del club, que incluye descuentos en entradas, accesos a actividades y grabaciones de vídeos … En definitiva, cosas a las que normalmente el público no accede.

¿Se pueden incorporar nuevos socios?

M.P.: Sí. De hecho, todos los que asistan este sábado, con su entrada, tendrán el carné de socio. En principio, ésta va a ser como esa “última oportunidad” de conseguirlo. Se trata de llevar a la realidad la experiencia de ser un club en el que estén presentes mis canciones, mi teatro y mis movidas.

Remontándonos ahora a esas primeras canciones de Marta Plumilla, tienes un álbum titulado Sonata de Miedo para Piano Interpretada en Guitarra por una Guitarrista Pésima e Interrumpida Constantemente por Mi Voz Interior ¿Fue esa voz interior la que te indujo a componer? ¿Te ha frenado en algún momento?

M.P.: Pues de todo … Mi voz interior me llevó a componer, más tarde me condujo a dejarlo y, por suerte, me volvió a llevar a escribir de nuevo. Siempre bromeo con eso y, de hecho, la canción que da título a ese disco es un tema un poco dramatizado, en el que mi voz interior me interrumpe constantemente. Yo misma me voy poniendo trabas a la canción, tratando de reflejar esa bipolaridad de las personas, mía en este caso.

Comentabas que en esta canción, tú misma te interrumpías constantemente y te ponías trabas ¿Consideras que, a veces, las mayores trabas nos las ponemos nosotros mismos?

M.P.: Yo creo que sí. Al final, si tú lo tienes claro nadie puede ponerte ninguna traba. Somos nosotros mismos los que nos ponemos los impedimentos.

Quizá nos creamos nosotros los monstruos y sobre ese queríamos hablar ahora. Tienes una canción titulada Mi Monstruo y Yo, en la que dices “he dejado de usar ácido hialurónico, me he vuelto a reconciliar con las arrugas de mis ojos. Me cansé de jugar a ser la princesa rescatada” ¿Durante tus años de carrera, ya sea como actriz o cantautora, te han exigido ser “princesa”?

M.P.: Sí y sucede no solo en el mundo de la industria musical. A las mujeres se nos exige más que a los hombres en este sentido. De hecho, lo he vivido durante mis años como actriz y considero que en el mundo de la interpretación esto es más exagerado aún que en la música. Al final, trabajas con tu imagen y hay una serie de personas en la industria que deciden cuál es la imagen que tienes que tener y cuándo eres mayor para acceder a ciertos papeles. En el mundo de la música … supongo que también ocurre. Por el momento, yo intento crear mi propia imagen y tengo la suerte de trabajar con Malvadas Ardillas que me respeta. 

Seguimos con esa idea de que la mujer tiene que estar “perfecta” siempre ...

M.P.: Sí. Además, es que esa idea está en todas partes y de manera muy subliminal nos la van metiendo en la cabeza desde pequeñitas. Creo que es algo muy complicado de eliminar, porque está en cada revista, película … 

¿A través de la música o el arte en general lograremos cambiar algún día esta situación?

M.P.: Yo creo que sí. Desde la música, el arte o con todo lo que hagamos podemos cambiar el mundo. Sin embargo, creo que está un poco infravalorado el mundo del artista o creador. El mundo, por ejemplo, se cambia cuando alguien escribe por primera vez Casa de Muñecas (Henrik Ibsen). 

¿Hay miedo a salirse de los “estándares” y expresar a través del arte aquello que “incomoda”?

M.P.: Siempre existe ese miedo, pero también por suerte hay artistas que lo hacen y tienen esa inquietud de ir más allá. Yo misma estoy explorando continuamente para encontrar nuevas vías de comunicación.

Nuevas vías que veremos el sábado en el Club Plumilla. Además de ello, ¿qué próximos proyectos tienes a la vista?

M.P.: Sí el sábado estrenamos, pero después continuaremos haciendo conciertos clandestinos.

¿En qué escenario te desenvuelves mejor: en el teatro o en el de estos conciertos clandestinos?

M.P.: No sabría decirte. En los clandestinos, al ser más cerca, estoy un poco más nerviosa porque soy un poco tímida. No obstante, la experiencia me encanta.

¿Qué le diría la Marta Plumilla de ahora a la que vino a Madrid con 20 años a buscarse la vida como actriz?

M.P.: Le diría que haga lo que realmente quiera y se ponga menos trabas. Con el paso de los años me siento mucho más yo, soy más libre. Al final si tu crees en algo tienes que ir a tope con ello. 

¿Y qué es el éxito para Marta Plumilla?

M.P.: El éxito … Realmente odio un poco ese término e intento eliminarlo de mi vocabulario porque creo que está un poco sobrevalorado y malinterpretado en el mundo en el que vivimos. El éxito al final no es más que un resultado favorable de algo. En este sentido, el éxito para mí como artista es encontrar ese público con el que yo me comunique y nos entendamos. En definitiva, que el club sea cada vez más grande. 

Marta Plumilla
Marta Plumilla en entrevista con Bemol Magazine en Abonavida. Foto: Bemol Magazine

Con ganas de estrenar y ampliar ese Club Plumilla, encontramos a Marta Plumilla, una cantautora que, lejos de someterse a convencionalismos, experimenta y crea su propio mundo, en el que los personajes principales son la música y el teatro.  Desde aquí, Marta, solo nos queda desearte lo mejor y esperamos que cada vez más socios formen parte de tu Club (Entradas AQUÍ). 

Texto y entrevista: María Sánchez
Fotografía: Hada Casado
 

Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.