Tras una semana de angustia debido a la repentina cancelación de su concierto en la Plaza de Toros de las Ventas, el pasado viernes Manuel Carrasco logró lo imposible y cerró el Tour Bailar Al Viento 2017 con un espectacular directo. 

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Manuel Carrasco fin del Tour Bailar al Viento 2017. Foto: Bemol Magazine

El Último Baile comenzó la semana con el pié cambiado y Carrasco se vio obligado a hacer frente a un duro traspiés. Todo empezó el pasado martes, cuando a tan solo 3 días del concierto y con los camiones preparados en la puerta de la plaza de toros para iniciar el montaje, el Ayuntamiento Madrid denegó mediante informe no vinculante el permiso para llevar a cabo el espectáculo. “No se reúnen los requisitos de seguridad para su celebración”, alegaba el Ayuntamiento. Un mazazo para el onubense, quien de un día para otro se vio con su directo más especial cancelado. 

El sueño se transformaba en pesadilla y con toda seguridad Manuel vivió las horas más angustiosas de su carrera. Sin embargo, tanto él como su equipo se negaban a ver cómo ese Último Baile se diluía por una inexplicable e irrespetuosa decisión. Movieron cielo y tierra para encontrar una solución y el miércoles a medio día, el artista publicaba en sus redes sociales la noticia más esperada: el 15 de septiembre habría concierto en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid. “¡Ahora más que nunca, vamos juntos a Bailar al Viento!”, sentenciaba. Lo había logrado y en tiempo record ¡Olé tú, Lolo!

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Foto: www.manuelcarrasco.es

Y por fin llegó la cita. La noche más esperada. El sueño hecho realidad. Al rededor de las 22:15 horas las luces se apagaban y comenzaba el baile. El fervor del público se sentía más que nunca y sobre el escenario una pareja de bailarines aéreos nos dejaban con la boca abierta ¡El show no podía arrancar mejor! 

Tras la danza aérea, los músicos de Carrasco aparecían en escena y comenzaron a sonar los primeros acordes de Tambores de Guerra. Fue entonces cuando un enérgico y sonriente Manuel Carrasco apareció ante su público, quién desde el minuto uno se entregó a la causa. Coreó, saltó y bailó como si no hubiese un mañana. Y es que el gran trabajo y esfuerzo del artista en las últimas horas, bien merecía una recompensa. Aprieta fue el siguiente tema y el que terminó por desatar la locura inicial. “Y aprieta, aprieta y aprieta” y tanto apretó que la euforia del público reventó. 

“¡Buenas noches, Madrid! ¡Buenas noches, Rivas-Vaciamadrid! ¡Muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias! ¡No sabéis lo que ha sido esta semana con el corazón en vilo, pero nada es imposible!”, declaró emocionado en su primera intervención. A continuación, Y Ahora, Pequeña Sonrisa Sonora -con dedicación incluida a su ‘niña’-, Mujer de las Mil Batallas o Yo Quiero Vivir emocionaron e hicieron vibrar al público, pero lo mejor aún estaba por venir. Llegó el turno de Tan Solo Tú, uno de los temas más movidos del repertorio, y con él la primera gran sorpresa de la velada. Antonio Orozco apareció de repente sobre el escenario y se desató el huracán. “Tú, tú, tú, tú … Tan solo tú puedes llenar de estrellas mi universo”.

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Los minutos avanzaban al compás del repertorio y, ahora sí, tocaba Bailar al Viento. “¿Madrid, me concedes este último baile?”, preguntó al respetable, quién por supuesto le otorgó su bendición. “¡Pues, vamos juntos a bailar al viento!”, continuó. Al tiempo que las primeras notas del tema se empezaban a sentir, dos bailarines se posicionaban en la pasarela y lo que vino después fue simplemente maravilloso. Música y danza en un mismo escenario. Sentimiento y emoción a partes iguales. 

Pero si os pensáis que las sorpresas habían acabado, no podéis estar más equivocados. Manuel Carrasco había venido a Rivas con ganas de dejarse el alma -con creces lo consiguió- y de concluir su tour en España con un show de esos que quedan grabados en la retina por ‘los siglos de los siglos’ (y amén). Desde Isla Cristina (Huelva), aterrizaron sin prisa los Antílopez para dar paso, minutos más tarde, a ese momento especial de la noche; ese en el que las luces se apagan, se encienden las linternas de los móviles y se crea un universo con estrellas idóneo para no dejar nunca de soñar. Sin embargo, en esta ocasión el sueño vino con sorpresa. “Es amiga y una gran cantautora”, dijo Manuel. Sí, a todos nos rondó un nombre en la cabeza: Vanesa Martín, pero nada más lejos de la realidad. En su lugar, apareció Conchita y, aunque le puso ganas, la voz le falló y no estuvo a la altura de las circunstancias. Cosas que pasan … Menos Mal que llegó Miguel Poveda para resolver con arte y maestría su actuación  

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Pasado el ecuador del concierto y con cambio de vestuario incluido, en solitario salió al escenario y con la única compañía del piano interpretó un Medley que embelesó y dejó sin habla a los presentes. Nueve minutos con el bello de punta y la lágrima a punto de salir. Nueve minutos de magia. Nueve minutos derrochando talento ¡Nueve minutos rendidos a sus pies, señor Carrasco!

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Estaba siendo un autentico conciertazo y aún faltaba el remate final. Ya No esperábamos más invitados, cuando Pablo López y su inseparable piano aparecieron en escena para enloquecer al auditorio ¡Ahora sí que estábamos viviendo un sueño! o quizá … un Amor Planetario de esos que no te esperas y de repente sale Nach al escenario -toma pareado-. 

El baile estaba cada vez más cerca de acabarse, pero aún quedaba un pequeño ajuste de cuentas. Manuel Carrasco, guitarra en mano, se quedó de nuevo solo en el escenario y comenzó con sus letrillas, esas que compone en exclusiva para cada concierto. Versos que le salen del corazón, asuntos que le inquietan e indirectas muy directas que anoche, como era de esperar, venían con la banderilla puesta. “Cuando el amor es tan fuerte, nada ni nadie lo frena. Aunque quieran torearnos, no hay plaza no hay escenario, con lo nuestro no hay quién pueda”, ¡Ole, ole y ole!

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Ahora sí tocaba poner el broche final a la velada. Confeti para celebrar la noche en El Bar de los Pesares y un último grito para reivindicar que pase lo que pase hay que seguir Siendo Uno Mismo “en cualquier parte”

A pesar de los contratiempos y esa angustia que le tuvo 24 horas en vilo, el 15 de septiembre Manuel Carrasco nos hizo soñar y tocar el cielo con un Último Baile que jamás olvidaremos. Porque aquella noche fue Carrasco, pero también fue Lolo. Fue artista y ser humano. Se dejó la piel y demostró que tiene un corazón mayor que cualquier plaza de toros. Gracias a ti, a tus músicos y a todo tu equipo por concedernos este Último Baile y demostrar que pierden el tiempo los que intentan frenarte. 

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Manuel Carrasco en el Auditorio Miguel Ríos (Rivas Vaciamadrid)

Texto: María Sánchez

Fotografía y vídeos Bemol Magazine: Hada Casado Blázquez

*Puedes ver los mejores momentos del concierto pinchando aquí.

Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.