Eran las 15:30h de la tarde del jueves 29 de junio cuando llegamos a las puertas del WinZink Center de Madrid (antiguo Palacio de los Deportes). El viento se levantaba fresco y aliviaba a ratos el calor (no demasiado, menos mal que el tiempo nos dio una tregua) de la Plaza de Goya. Allí, organizados en seis filas paralelas y perfectamente perfiladas, se congregaban los seguidores de Manuel Carrasco. Procedentes de diferentes rincones de la península, hay quién aseguraba haber recorrido 600 KM para ver al artista sobre el escenario -esos son fans y lo demás tontería-, se distribuían a lo largo de las colas esperando que las horas transcurriesen para entrar al recinto.

A las 18:30h, los afortunados con entradas golden tomaban posiciones dentro del Palacio. La ansiada primera fila llevaba escrita su nombre y los de entrada general poco podíamos hacer, únicamente resignarnos a conseguir una posición lo más próxima al escenario posible, pero eso sí, sin correr. El despliegue de seguridad y la organización estuvo a la altura de las circunstancias. En el exterior los miembros de seguridad se encargaban de que las filas estuviesen en todo momento paralelas, con espacio entre ellas por si hubiese que sacar a alguien, poder hacerlo de manera rápida y sencilla. Asimismo, la policía rodeaba y blindaba el perímetro del palacio.

Los minutos pasaban y los nervios iban en aumento. Las 19:30h y las puertas se abrieron en 3, 2, 1… Tocaba entrar a pista y coger posiciones. “No corráis” nos repetían una y otra vez los trabajadores del WiZink. El corazón te pedía salir disparada pero la cabeza frenaba el impulso. Seguridad ante todo. Una vez dentro la espera hasta pasadas las 21:30h se hizo eterna pero Cuando Llegó el Momento… las luces se apagaron, los músicos saltaron a escena y comenzaron a escucharse los primeros Tambores de Guerra. Ahora sí el artista se mostraba ante su público ¡El show daba el pistoletazo de salida! 

jkji.png
Manuel Carrasco en el Tour Bailar al Viento Madrid 2017. Fuente: Instagram Manuel Carrasco

Manuel Carrasco se mostró en todo momento enérgico, sonriente y con la intención de hacer de aquella noche una de las más especiales. Os aseguramos que superó con creces su objetivo. Si con Tambores de Guerra ya consiguió poner al publico a saltar y cantar como si no hubiese un mañana, Aprieta, Y Ahora y Sabrás provocaron que los presentes echaran el resto coreando las canciones junto al artista ¡cuatro temas y estábamos ya sin voz y casi sin aliento de tanto bailar! No se puede empezar mejor. Sin embargo, tocaba bajar el ritmo -que no el listón- y coger algo de aire. Llegó el turno de Pequeña Sonrisa Sonora, una canción que nació siendo poema y que aquella tuvo una destinataria muy especial. Apenas unos días antes el  onubense había sido papá y con la emoción latente sobre el escenario, quiso dedicarle esta preciosa balada a su pequeña Chloe.

 [youtube https://www.youtube.com/watch?v=Mcq5z5ENSLc&w=560&h=315]

“A uno le tiemblan hasta los cimientos del corazón”, confesaba el artista ante las 15.000 personas que esa noche se dieron cita en Madrid para verlo. Subirse al escenario ante tal cantidad de público debe de dar cierto vértigo, pero Manuel lo disimuló (si es que lo sintió). Se movió como pez en el agua, derrochó optimismo, vitalidad y supo emocionar al respetable en temas como Mujer de las Mil Batallas, dedicada a “toda la gente que pelea” y en especial a Paula. El cantante confesó que horas antes había visto en Facebook un comentario, en el que una abuela le pedía que por favor dedicase esa canción a su nieta que estaba malita. Carrasco cumplió y le brindó el tema, despertando en el público un sentimiento de empatía, esperanza y ganas de luchar. Como dice su canción, “un pasito más, que si se puede, uno y otro más, mujer valiente”, porque aquella noche el artista estuvo con todos/as las que pelean por vivir. 

Y precisamente vida es lo que regaló durante los minutos siguientes. Los temas más movidos del repertorio provocaron que al cantante se le quedase pequeño el escenario con tanto giro, salto y baile y que el público liberase todo el estrés de la semana. Yo Quiero Vivir, Tan Solo Tú y Uno X Uno nos hicieron liberar endorfinas -más que en una sesión de ‘gym’- y caldearon el ambiente para los temas venideros. 

 [youtube https://www.youtube.com/watch?v=-z3SJeLJhMc&w=560&h=315]

Tras ello, llegó el momento de Bailar Al Viento y uno de los instantes más íntimos de la velada. Con Menos Mal, Carrasco demostró su maestría vocal y con la copla Yo Te Vi Pasar dejó patentes sus raíces andaluzas. Pero si hubo un momento mágico y que a buen seguro quedó grabado en la retina de todos los asistentes fue de la mano del tema No Dejes de Soñar. Carrasco nos invitó a cantar junto a él y nos animó a luchar por nuestros sueños. Además, para hacer del instante algo mucho más especial, pidió que encendiéramos las luces de nuestros móviles durante los minutos que duraba la canción. La música comenzó a sonar, la luz se apagó y miles de luces inundaron un palacio, que durante unos minutos se convirtió en un cielo estrellado. Una atmósfera perfecta para una de las canciones más especiales y esperanzadoras del repertorio. 

El concierto alcanzaba el ecuador y era el turno de Sígueme, canción con la que el artista protagonizó uno de los momentos más tiernos de la noche. A mitad de la canción, hubo una personita que llamó su atención. Se trataba de una niña, a la que no dudó en subir al escenario, cantarle y regalarle su pandereta. La niña encantada -no es para menos- y el artista mostró que se entiende a la perfección con sus seguidores más pequeños. A continuación, condenó la violencia machista con su famoso Que Nadie. Un gesto que el público valoró y ovacionó con aplausos. 

Terminada la canción, Manuel Carrasco abandonaba el escenario para cambiar su camisa por una camiseta y los diez minutos siguientes fueron gloria bendita. Con la única compañía del piano y situado en la pasarela central del escenario, interpretó un medley acústico que dejó sin palabras a los presentes.

 [youtube https://www.youtube.com/watch?v=uhQZ1qba8yI&w=560&h=315]

El final del concierto estaba cerca pero aún quedaban en la recámara canciones como Amor Planetario y Ya No. Además, aquella noche el onubense se guardaba un as en la manga que sorprendió a todos. Acompañado por David Carrasco al cajón flamenco y su guitarra, se animó a cantar unas letrillas, compuestas en exclusiva para ese concierto. Con ellas, rindió tributo a la ciudad de Madrid, le dedicó unos versos a su hija, le cantó orgulloso al amor libre y condenó el incendio de Doñana. Ole, ole y ole, maestro. 

manu
David Carrasco y Manuel Carrasco en el WiZink Center. Fuente: David Caballero

El broche final lo pusieron En el Bar de Los Pesares y Siendo Uno Mismo respectivamente. En estos últimos minutos de concierto, pasamos de la euforia y locura más absoluta a la emoción que provocan 15.000 gargantas coreando “siendo uno mismo en cualquier parte” . El final fue tan potente que a Carrasco le bailaron los versos finales del tema de cierre y las lagrimas de la que escribe se asomaron para gritar que “vale la pena pelear por nuestros sueños. Vale la pena equivocarse y levantarse. Vale la pena liberarse y ser el dueño de la verdad siendo uno mismo en cualquier parte”. 

IMG_4907.jpg
Despedida Tour Bailar Al Viento Madrid. Fuente: Beatriz Alonso Montalvo

La noche del jueves bailamos, gritamos, nos emocionamos y le cantamos al amor, la libertad y la esperanza. Nos sentimos un poquito más vivos y salimos del WiZink Center con una frase grabada a fuego en la memoria: “Amigo, no dejes de soñar”. Manuel Carrasco y su banda nos regalaron una velada mágica que es difícil explicar con palabras. Su carisma, humildad,  talento y sus letras cargadas de optimismo, sentimiento y vitalidad le hacen único y son un aval de éxito en cada directo. El Tour Bailar al Viento 2017 no ha hecho más que arrancar y si aún no la has visto, pincha aquí para saber cuáles serán sus próximas paradas. 

Texto: María Sánchez