Por: María Sánchez Moncada

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Fotograma de la agresión de Justin Bieber a un fan (La Vanguardia)

Llevaba días meditando sobre qué post sería el elegido para abrir esta sección, Reflexiones de Un Día Cualquiera, una sección muy personal y, en consecuencia, totalmente subjetiva donde me dejo llevar por lo que mi mente y corazón siente. Pues fíjense, casualidades (o no) de la vida, ha tenido que ser Justin Bieber el encargado de darme un pretexto para lanzarme a la piscina y escribir estas líneas. Repito cien por cien subjetivas y sometidas a cualquier tipo de opinión.

Sí amigos, como todos sabrán ayer el canadiense más famoso aterrizó en Barcelona para dar el primero de sus conciertos en España (hoy actuará en Madrid en el Antiguo Palacio de Deportes, cuyo nombre actual me niego a escribir, llámenme maniática). La expectación era máxima. Desde hace días, miles de Beliebers -fans del cantante- se agolpaban a las puertas del Palau Sant Jordi con el objetivo de coger un buen sitio en el recinto y poder estar cerca de su ídolo. Ahora dudamos si tantas horas de espera a la intemperie merecieron la pena…

Fans que se sacrifican por su cantante favorito, medios de comunicación que se interesan por el estado de estos incondicionales…Hasta aquí todo precioso. Todo muy bonito hasta que apareció en escena Justin y un intrépido seguidor. Vayamos por partes. Justin Bieber llegaba anoche al Palau en la parte trasera de un coche. A la entrada del recinto, una multitud de seguidores le esperaban para darle la bienvenida, entre ellos un joven que, quizá cegado el hecho de tener a su ídolo tan cerca, se atrevió a meter la mano por la ventanilla del vehículo de Bieber, mientras éste lentamente se abría paso entre la multitud. Lo que seguro jamás imagino este admirador es que el cantante racionaría como lo hizo: propiciándole un puñetazo directo a la cara.

Como se observa en el vídeo, el joven acabó con la boca ensangrentada pero sin heridas de gravedad. Tras la agresión, y aún en estado de shock, se escucha cómo explica a sus amigas que había tocado la cara al cantante y éste le había respondido con un puñetazo. Se desconoce si el suceso le quitó las ganas de asistir al concierto de su ídolo.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=GS_ywxv3uzI]

Sí, amigos, así de considerado es Justin con sus fans. Los mismos que duermen a la intemperie para verlo sobre el escenario, los que se gastan cantidades de dinero desorbitadas para acudir a sus conciertos y los que, en definitiva, le mantienen donde está. Sin embargo, lo grave no es esto, lo más lamentable es la pasividad con la que se ha tratado el tema. Evidentemente, los medios de comunicación se han hecho eco del suceso, ¡faltaría más! pero ¿qué hemos hecho el resto? Justin Bieber pude agredir a una persona, que como es Justin Bieber, la estrella adolescente, tiene inmunidad. El chico se ha ido a casa con una herida en el labio y, probablemente, con una decepción enorme, pero ¿qué consecuencias tiene para el cantante su acto? Ninguna. 

Como dice Javier Valiño, Director de Carlito Records (Oficina de Management y sello discográfico de artistas como Melendi o Lucía Gil): “Cada acto que hacemos o que no hacemos comunica, acabamos de enviar el mensaje a todos, de que nuestra sociedad permite este tipo de comportamiento”. Hoy Justin actuará en el Palacio de los Deportes de Madrid y allí le esperan, desde hace semanas, miles de jóvenes, cuyo debate y entretenimiento de las últimas horas se habrá centrado en la inadmisibilidad o justificación -para mí no la tiene- de la acción de Bieber. Pero ninguno de ellos se planteará su condena y, si lo hace, ¡qué más da! Es el “bueno de Bieber”, el semidiós en la tierra. Ayer pegó a un chico, hoy actúa en Madrid y pasado seguirá con su gira como si nada. 

Ni una disculpa en el concierto de anoche, ni una rueda de prensa o comparecencia dando explicaciones ni nada. Es Justin. Hoy se subirá al escenario, deslumbrará -no por su maestría vocal- y se marchará. 

Y aquí paz y después gloria…

 

 

 

Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.