Pablo Alborán contesta los whatsapps con mensajes de voz. Situando el móvil a un centímetro de su boca, como el micrófono de un patrullero, desgrana un monólogo bien hilado, cálido y untuoso, que rubrica con un “besote” o un “abrazote” dependiendo del destinatario. Es el artista más atento del firmamento musical. Un tipo de inusual cortesía en un negocio plagado de cuchilladas. Nada de gestos agrios, palabras ásperas ni preguntas delicadas vedadas a los periodistas. Tampoco un mánager inquietante cubriéndole la espalda. Solo Esperanza, su discretísima sombra, su agente: la albacea de su pasaporte, agenda, tarjetas y analgésicos y su compañera de películas. “Mi mami”, dirá Alborán, ante el gesto ligeramente enfurruñado de ella.

No voy de estrella porque no me siento una estrella”

Alborán es la antítesis de un chico malo del show business. Lo consigue con naturalidad. Su candidez no parece forzada. Su personaje tiene más que ver con Rafa Nadal, incluso en su modestia, devoción filial, pectorales de remero y cutis aterciopelado, que con Justin Bieber o Pete Doherty: “No soy un yonqui; no me emborracho y destrozo las habitaciones de los hoteles; soy normal; no voy de estrella porque no me siento una estrella; sí, soy una marca, pero detrás hay una persona, no un personaje de ficción. Y canto, pero tengo una vida. Paso de vivir acampado en la alfombra roja“.

Pablo reconoce que su profesión resulta, en ocasiones, agobiante: “se monta un circo en cada aeropuerto, no ves a tu familia y tienes una responsabilidad enorme”. Asimismo, añade que hay que aprender a mantener la calma para evitar explotar ante esa presión. “Cada cual reacciona a su manera. Unos, con antidepresivos. Yo con calma. Es mi clave. Esa palabra está en la letra de todas mis canciones desde que tenía 12 años”.

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“Antes de un concierto, de una televisión, entre dos entrevistas, leo, medito, hago yoga, estiro, respiro, me evado. Y en cuanto puedo, toco tierra y vuelvo a casa. A oler la sal del mar y contemplar la luz de Málaga. A estar con los viejos amigos de hoguera, guitarra y cajón en las noches de playa”. Afirma que le encanta componer en el pequeño estudio que tiene en casa de sus padres, el mismo que un día forró con cajas de cartón de huevos para insonorizarlo. Aquél en el que empezó. No obstante, confiesa que con la ayuda de su hermana le ha dado un lavado de cara y retapizado el famoso sofá blanco de sus primeros vídeos en YouTube.

Tengo mucho que aprender y un largo camino por delante”

“Sigo siendo un enfermo de la composición. Todo el tiempo estoy imaginando canciones. Eso me salva. Si no, me volvería loco”. Además, mantiene que también sale a flote pensando en lo que aún le queda por hacer. “Tengo 26 años, y a esta edad, si tienes éxito, puedes creer que te lo sabes todo; pero tengo mucho que aprender y un largo camino por delante”. Afirma rotundo que todavía debe decidir hacia adónde quiere orientar su carrera musical. “Tengo que madurar y evolucionar; probar nuevos registros; descubrir sentimientos dentro de mí. Ese horizonte es lo que me mueve”.

–¿Sabe cuánto gana?
P.A.: Perfectamente. En esto ganas pasta, pero trabajas muchísimo. No paras. Tengo a mi lado gente de mi familia que cuida de mi estabilidad y futuro. Pero el dinero no es el fin. No tengo cochazos, ni mansiones, ni un barco. Ni quiero. Un ático en el norte de Madrid de cien metros -que se inunda cuando llueve-, y en Benalmádena, la casa de mis padres, que es mi hogar. En mi familia nunca hemos tenido un duro. Mis hermanos heredaban la ropa y vivíamos en un pisito frente a la Malagueta. El año que yo nací, el 89, las cosas empezaron a ir mejor. Cuando murió mi abuelo materno nos fuimos a su casa en Benalmádena, y allí seguimos. Somos una especie de comuna con mis hermanos y mis sobrinos. Mi padre tiene 68 años y va a trabajar cada día a su estudio de arquitecto y es un bohemio. De ricos, nada.

–¿Qué no haría por dinero?
P.A.: Publicidad de marcas que fueran en contra de mis valores; tampoco me quitaría la camiseta en un escenario, porque soy un cantante, no un culturista; no haría un espectáculo hortera con bailarinas; no vendería mi vida: no haría público cuándo voy a cantarles a niños que están con quimioterapia; no sacaría mi casa en el Hola. Mi vida es mía.

–¿Liga mucho?
P.A.: Menos de lo que te crees, pero reconozco que sin sexo, me moriría (risas).

Disciplinado y con hambre de éxito. Contenido, cerebral y con un físico dividido en dos mitades: la superior, hinchada a base de gimnasio, y la inferior, de aquel niño delicado y tirillas al que su madre puso a nadar para que ensanchase. Pablo Alborán, el artista que -de lejos- más discos ha vendido en España en los últimos cuatro ejercicios -brincando sobre una endémica crisis del sector-, con decenas de discos de platino y 160.000 ejemplares colocados en el mercado en solo dos meses de su último trabajo, Terral. Además, durante el pasado año, el malagueño realizó un importante Tour mundial -Tour Terral 2015-, que le llevó a recorrer los escenarios de más de 70 ciudades, dentro y fuera de nuestras fronteras.

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En la actualidad y tras unos meses de parón para asimilar el éxito, Alborán avanza las calles del centro de Madrid, oculto tras los cristales tintados de una furgoneta de estrella del rock con asientos de cuero, Wifi, provisiones de agua mineral y climatización ártica. Otra furgoneta. Otros cristales tintados. Otro hotel “cool”. Otra ciudad intuida. Ni turismo, ni restaurantes coronados por Michelin, ni madrugadas locas, ni fans brotando bajo las sábanas de lujoso algodón tiesas como un sudario. Al final de la jornada, el premio es una Whopper con queso, agua mineral e intentar pegar ojo porque a las ocho de la mañana, con el cerebro acorchado, se inicia otra infinita retahíla de entrevistas para presentar su nuevo Tour Latinoamericano, una gira de dos meses -mayo y junio-, que le llevará a recorrer países como Panamá, República Dominicana, Uruguay, Argentina, Chile, Colombia y México.

Siempre las mismas preguntas: desde sus influencias musicales hasta su amistad con Ricky Martin o Pelayo Díaz y su bisabuelo marqués. Si está espabilado, hace malabares con las respuestas. Es un conversador brillante, hasta la verborrea. En caso contrario, si ha surcado la noche en vigilia, se escapa con las contestaciones de rigor y una sobredosis de cafeína. “Piñón fijo”, bromea. Estar a su lado durante unos días supone llegar a saberse de memoria todas las preguntas y todas las respuestas.

Cada vez más desnudo e intimista y menos relamido y artificioso

Más joven que Alejandro Sanz, menos latino que Enrique Iglesias, más cerca (según él) de Jorge Drexler. Con un estilo propio, orgánico, auténtico, cada vez más desnudo e intimista y menos relamido y artificioso. A ello hay que añadir el “plus” de ser un músico que compone y habla idiomas: capaz de batirse con un fado o un pedacito de bossa nova, la nouvelle chansonmo Paraules d’amor en catalán junto a su idolatrado maestro Serrat; de rasguear la guitarra y acariciar el piano desde los siete años.

-Ha estado unos meses retirado de los escenarios, ¿ha dedicado este tiempo a componer?
P.A.: Por supuesto, he compuesto muchísimo y estoy muy feliz porque pensaba que al parar a lo mejor no tenía tanta inspiración, pero al revés. Me han explotado muchísimas ideas y cosas distintas. Ahora tienen que coger forma y ver a dónde van.

-¿Se ve en un futuro transformado en un artista de pop latino más volcado en el baile, quizás?
P.A.: En el show pasa de todo, bailamos, cantamos, hay canciones rítmicas. Al final lo que más le ha gustado a la gente son las baladas, pero yo no voy a cambiar por el mercado. En todo caso cambiaré porque quiero. Pero me están saliendo baladas que creo que pueden gustar, y cosas movidas arriesgadas, porque la gente no me ha conocido tanto en ese aspecto. Pero sigo siendo yo, y hay que seguir trabajando para no dejar de ser uno mismo. Los discos son una búsqueda donde la gente va conociendo más de ti, y tú mismo vas conociendo más de ti.

Yo no voy a cambiar por el mercado. En todo caso, cambiaré porque quiero”

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Pablo Alborán recibe en tiempo real las cifras que le proporciona su compañía sobre las ventas de discos, la producción de su nuevo vídeo y el calendario de conciertos. Es un enfermo de los datos. Como las grandes estrellas, quiere saberlo todo. Odia que se le hurte información. Su antena siempre está conectada aunque parezca melancólicamente ausente. Mientras la furgoneta en la que viaja le lleva a su destino, Alborán hace un amago de arrancarse con un flamenquito. Juega a la percusión tamborileando con los dedos la luna del vehículo y se abstrae.

Va vestido con camiseta blanca, vaqueros y botas de currante: el uniforme minimalista de un individuo que considera que, en cualquier faceta de la vida, “menos es más”. Así se plantea su existencia: perfil bajo fuera del escenario. Nunca se define. Y rara vez mete la pata. Cae bien y sabe meterse al público en el bolsillo en cada aparición.

RUMBO A LATINOAMÉRICA

La gran expectación que ha despertado internacionalmente la gira Terral 2015 de Pablo Alborán está avalada por el éxito que están obteniendo sus canciones y el gran directo que presenta. Desde la publicación de Terral a comienzos de noviembre del 2014 hasta fecha de hoy, Pablo no ha parado de batir marcas. En España entró directamente al Nº1 de ventas superando la cifra alcanzada con sus álbumes anteriores y consiguiendo el doble Disco de Platino nada más publicarse. TERRAL ya ha alcanzado 8 Discos de Platino y continúa vendiendo en nuevos países como Canadá y Francia, donde ha realizado una maravillosa colaboración con la cantante ZAZ, Sous le ciel de Paris.

Pablo continúa trabajando sin descanso y disfrutando muchísimo en el escenario desde donde transmite toda la energía de este gran trabajo. En sus actuaciones, Pablo aparece arropado por un grupo de seis músicos. Con él viajan Adrián Schinoff (Teclista y director musical), Carlos Martín (Metales, percusión y teclado), Lolo Álvarez (Guitarrista), Porty (Guitarrista), Antonio de Haro (bajista) y Jorge García (batería). Los conciertos, de unas dos horas de duración, repasan todas las canciones del álbum Terral y suelen rescatar un buen número de éxitos de sus anteriores álbumes.

En directo, Pablo consigue imprimir una gran intensidad a sus composiciones. Unas veces arropado por su banda, otras interpretando sus canciones solo al piano, el músico malagueño sabe dar como pocos un toque especial a cada uno de sus conciertos haciéndolos inolvidables. Por delante tiene un total de 16 conciertos confirmados por toda Latinoamérica, que le llevarán a recorrer hasta siete países diferentes. Un viaje que emprende las mismas ganas e ilusión de aquél joven que hace cinco años atrás se presentaba al mundo a través de Youtube, sentado en su ya mítico sofá blanco y con la única compañía de su guitarra. Aún recuerda la primera vez que se subió a un escenario, fue en Fuengirola (Málaga): “Llegué allí y la gente cantaba las canciones, fue muy bonito”.

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PEQUEÑA PANTALLA

Aunque Alborán dijo que se iba a tomar unos meses sabáticos y que diría adiós a las redes sociales, el cantante malagueño no ha podido resisitirse a la tentación de alejarse del estudio de grabación y de las plataformas el pasado día 22 de abril sorprendía a su familia -como él mismo denomina a sus seguiddores-, colgando en sus redes sociales una nueva canción. Se trata de Se puede amar, un tema que el malagueño ha compuesto e interpreta para la telenovela Tres veces Ana. Tan iguales y tan distintas (Grupo Televisa). Se puede amar será el tema que dé música a la cabecera a esta telenovela, una ficción que se emitirá a partir del 23 de mayo.

6 AÑOS DEL SOFÁ BLANCO

¡Este chico lo tiene todo! El malagueño de oro acaba de estrenar canción Se puede amar, que en pocas horas de su salida ha alcanzado el cuarto puesto en Itunes y, ademas, ha conseguido ser Trending Topic en España. El éxito de Pablo no tiene límites, convierte en oro todo lo que toca desde hace ya seis años. Y es que tal día como hoy, seis años atrás, Pablo Alborán se presentaba ante todos nosotros sentado en un sofá blanco, acompañado de su incondicional guitarra y cantando su ya mítico Solamente tú ¡Sí, sí! Hace seis años descubríamos el talento de esta gran estrella, que se ha metido a medio mundo en el bolsillo con sus baladas y su voz.

Pablo no sólo es un cantante excelente, sino que está muy conectado con su fandom, al que adora, y siempre les dedica palabras de agradecimiento y cariño. “Pasan los años y siguen esperando a las puertas del hotel o de las radios, pasando frío y bajo la lluvia. Siguen respetándote y apoyando tu trabajo desde el principio y eso es maravilloso”, declara sobre sus seguidores. Alborán no se equivoca al hablar de la cantidad de experiencias por las que ha pasado gracias a la música. Ya en su debut, allá por el 2011 obtuvo tres candidaturas a los premios Grammy Latinos ¡Casi nada! Pablo no ha parado desde que grabó aquellos vídeos en el sofá blanco, en el que se dio a conocer. De ahí que se haya convertido en TT el hastag #6AñosSofaBlanco.

El cantante de Recuérdame ha lanzado ya tres álbumes de estudio, un álbum en vivo, seis sencillos, seis vídeos musicales y varias colaboraciones ¡Es un todoterreno! Y aunque esté en parón para formarse y ser cada día mejor, eso no impide que deje de sorprendernos. Queda mucho de aquel chico que nos cantaba desde la intimidad de su casa ¡por no decir todo! Pablo Alborán sigue siendo humildad, talento, y dulzura. ¡Enamora a cualquiera con esa voz!

Texto: Jesús Rodríguez (El País Semanal) y Bemol

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Escrito por

María Sánchez

Tuve walkman, discman y pertenezco a esa especie en extinción que escucha música en formato físico.